El activismo estudiantil en los campus estadounidenses como respuesta a la guerra en Gaza se ha convertido en un debate nacional sobre dónde trazar la línea entre la disidencia política y el antisemitismo.

Aunque muchas universidades han tomado medidas para restringir, dispersar o sancionar las protestas, estas –y los debates sobre cómo describirlas– han seguido adelante, lo que ha planteado dudas sobre la libertad de expresión, la seguridad en los campus y si las críticas a Israel se están confundiendo con el odio hacia los judíos.

¿Qué es el sionismo? ¿Y por qué describes convertirte en sionista como una elección en lugar de una identidad?
Para entender el sionismo hay que adentrarse en un terreno político complejo. La afirmación de que el sionismo es esencial para la identidad judía es engañosa por varias razones. El judaísmo es una religión monoteísta con al menos 3000 años de antigüedad, mientras que el sionismo surgió como un movimiento político de carácter laico a finales del siglo XIX. Como respuesta comprensible al odio hacia los judíos, el sionismo se inspiró en el auge del nacionalismo europeo. Al igual que muchos otros movimientos nacionalistas, recurrió a la retórica religiosa; en este caso, reinterpretando temas del Antiguo Testamento sobre el regreso del pueblo judío a la Tierra Santa, que se produciría tras la llegada de un mesías.

El número de personas judías que se sumaron al proyecto de colonización del sionismo europeo fue reducido hasta que el antisemitismo del siglo XX limitó la inmigración judía a EE UU.y el incipiente genocidio nazi expulsó a los judíos de Europa. Hoy en día, sin embargo, la mitad de la población judía mundial vive fuera de Israel, sin muchas ganas de emigrar y sin voz ni voto en las decisiones políticas de Israel. Debido a la creciente estrechez de miras y al cariz de derechas del sionismo político, cada vez más jóvenes judíos se están distanciando de él y se oponen a él. La mayoría de las y los sionistas de EE UU y de todo el mundo son sionistas cristianos.

¿Qué es el antisemitismo hoy en día? ¿Qué tipo de amenaza supone? ¿Y los manifestantes y estudiantes de los campus son realmente antisemitas?
El significado del antisemitismo (odio a la gente judía) ha evolucionado en etapas entrelazadas desde que surgió en el mundo antiguo como hostilidad hacia la diferencia cultural. Primero vino el supersesionismo cristiano, seguido de las teorías de la conspiración en la Europa medieval y luego, tras la Ilustración, un prejuicio racial pseudocientífico que culminó en el exterminio nazi. Tras la fundación del Estado de Israel en 1948, una población judía minoritaria (y en gran parte formada por gente inmigrante y refugiada) en Palestina fue ganando terreno cada vez más a la población mayoritaria (árabe indígena) del antiguo mandato británico. Aunque se reconoce que las y los judíos israelíes tienen sin duda un vínculo histórico con la tierra y que están ahí para quedarse, a quienes critican las políticas y prácticas de este Estado que privilegia a la población judía se les ha acusado injustamente de antisemitismo. Esto ocurre sobre todo si se oponen a la falta de democracia de Israel para toda la población bajo su dominio, a las estructuras similares al apartheid y a la represión violenta de los palestinos en Gaza y Cisjordania.

Como todos los movimientos políticos, las protestas en los campus no han estado exentas de cánticos y consignas ambiguas, ni de algunos comportamientos innecesariamente provocadores. Pero el argumento principal de las y los manifestantes, muchos de los cuales son judíos, es que la política y las prácticas sionistas ni representan plenamente a los judíos ni benefician sus intereses a largo plazo. En la actualidad, la mayor parte del odio real hacia las y los judíos en los campus proviene de elementos conservadores y de derechas que sostienen la opinión contraria; estos promueven teorías conspirativas que equiparan a los judíos con el sionismo y la política del Estado israelí.

¿Qué similitudes hay entre la represión en los campus de los años 50 (el macartismo) y lo que está pasando ahora?
Las similitudes son evidentes en dos aspectos: 1) La colaboración entre las universidades y el Gobierno en diversas formas de represión política, a veces llevadas a cabo en nombre de la protección de la libertad académica; y 2) El uso de pretextos exagerados y alarmistas, como las acusaciones de “infiltración comunista” entonces y de “antisemitismo desenfrenado” ahora, para provocar cambios más profundos en la cultura académica. La razón de esta fijación en el ámbito académico en ambos periodos de represión es que las universidades han sido, potencialmente, centros de pensamiento crítico, donde se concentran académicos y estudiantes que plantean preguntas que cuestionan los discursos oficiales. Entender cómo y por qué la capitulación anticipada de las administraciones universitarias en la década de 1950 facilitó un daño duradero a nuestra cultura puede ayudarnos a comprender cómo responder hoy en día.

¿Cómo deberían responder las universidades a los conflictos en los campus sobre Israel/Palestina sin dejar de proteger la libertad de expresión y la libertad académica?
Los conflictos en los campus se dan en un contexto mucho más amplio. El cambio en el clima político de EE UU forma parte de un auge mundial del nacionalismo de derechas. Protestar por los derechos de las y los palestinos es un tema político delicado porque plantea preguntas sobre la historia política de esa región tan inestable: ideas inquietantes sobre el legado del colonialismo, la política exterior de EE UU, el antirracismo, la necesidad de que un Estado represente a todos sus ciudadanos, la enseñanza precisa de la historia y mucho más. Solo un intercambio honesto y abierto de todos los puntos de vista, incluidos los más polémicos, llevará a aclarar las cosas. Pero eso no es lo que está pasando ahora mismo en muchos sitios, bajo el pretexto engañoso de la neutralidad institucional y la diversidad de puntos de vista.

Pueden ser nuevas políticas mal definidas, impuestas desde arriba por las administraciones, que las aplican, interpretan y refuerzan de forma selectiva.

La realidad es que las nuevas leyes en algunos estados están limitando las protestas y la actividad política en los campus; se han eliminado los consejos académicos o se han sustituido por órganos consultivos más débiles; las asambleas legislativas intentan cada vez más influir en los planes de estudios, restringir asignaturas o imponer contenidos; y las universidades han recortado programas, fusionado departamentos y despedido a profesores de humanidades –un ámbito fundamental del pensamiento crítico y creativo–. Hay que restablecer la gobernanza compartida como requisito previo para proteger la libertad de expresión y la auténtica libertad académica.

Alan Wald, catedrático emérito H. Chandler Davis de la Universidad de Míchigan, es historiador de la izquierda cultural estadounidense del siglo XX. Habla de los paralelismos con la política universitaria de la época de la Guerra Fría, del sionismo y de cómo los debates sobre el significado del antisemitismo dan forma a las protestas en los campus.

3/04/2026

Michigan News

Traduccion: viento sur

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